domingo, 23 de julio de 2017

Nueva Zelanda 14 (2016) Taiaroa y los albatros reales

Alcatraz real meridional (D. epomophora) C.Aguilar
Tras visitar la región de los fiordos comenzamos el regreso hacia Christchurch. Allí, en menos de una semana, debíamos devolver la furgoneta y tomar un vuelo a Auckland para acabar al viaje. Pero antes nos esperaban algunas paradas en la costa este.

La primera fue Dunedin, una de las pocas ciudades que mantienen un centro con algunos edificios históricos. En Nueva Zelanda, el término "hisrico" viene a referirse a finales del siglo XIX y principios del XX. ¡Un país jóven! Dunedin es la puerta de acceso a la península de Otago donde se hallan algunas de las colonias de aves marinas más atractivas de esta costa.



Alcatraz real meridional (D. epomophora) C.Aguilar
En la punta Taiaroa de la península de Otago se encuentra el Royal Albatross Center, uno de los pocos lugares del mundo donde se puede ver una colonia albatros reales meridionales (Diomedea epomophora) en tierra firme. 

La mayoría de especies de albatros crían en islas remotas del hemisferio sur. Los de Taiaroa, sin embargo, eligieron un pedazo de tierra firme y allí  vuelven cada temporada de cría. Los albatros son las aves de mayor envergadura alar que existen, con sus casi tres metros de punta a punta. Ya solo verlos en vuelo impresionan.





Cortejos de los alcatraces al llegar a la colonia. C.A.
La historia de este lugar se remonta a comienzos del siglo XX, cuando se detectaron algunos ejemplares intentando criar. Las primeras puestas se produjeron en 1919, pero no tuvieron éxito por las molestias a los nidos y por los predadores.
 
Gracias a los esfuerzos de un ornitólogo de Dunedin, Lande Richdale, en 1938 se logró que volara el primer pollo. Más adelante el compromiso fue tal que se llegó a contratar personal de campo a tiempo completo para proteger la colonia. Desde entonces su número ha crecido hasta las 140 aves, entre adultos reproductores e inmaduros,  que acuden al lugar a encontrar pareja y nidificar.




Observatorio acristalado del "bunker". C. Aguilar
En 1972 comenzaron las visitas guiadas controladas y en 1989 se creó el Royal Albatros Center. En realidad no es necesario pasar por el centro para ver a los albatros, son fáciles de ver cuando llegan por la tarde a la colonia. Lo que el centro permite es el acceso a la zona de nidos y la posibilidad de ver allí los cortejos.

La ladera herbosa donde se ubica la colonia se ha protegido y cercado para evitarles molestias. El centro ofrece el acceso a un bunker acristalado desde el que ver a las aves discretamente y sin interferencias en el proceso de nidificación.



Gaviota plateada (Larus novaehollandiae). C. A.
El periodo de cría de los albatros comienza en septiembre y octubre, cuando las parejas llegan a la colonia y se desarrollan las paradas nupciales. Nosotros pudimos contemplar esos momentos que tantas veces salen en los documentales.

Pero el lugar no solo es bueno para los albatros. En Punta Taiaroa, también se pueden ver colonias numerosas de cormorán de la Stewart (Phalacrocorax chalconotus) y gaviota plateada australiana (Larus novaehollandiae) dentro de la protección que proporciona el vallado libre de predadores.

sábado, 8 de julio de 2017

Nueva Zelanda 13 (2016) Fiorland: Milford Sound

Barcos en el fiordo Milford. Foto: César Mª Aguilar.
Milford es el mayor fiordo del Parque Nacional Fiorland y también el más accesible. Los demás fiordos apenas reciben visitas ya que su acceso excede la logística de un turista. A diferencia de otras regiones con fiordos en el mundo, esta de Nueva Zelanda apenas está habitada. Ahí radica parte de su encanto.

El embarque para visitar el fiordo se hace en el puerto de Milford Sound, desde el que salen numerosos ferrys a recorren sus 16 kilómetros en un decorado de dimensiones XXL. No eres consciente de su tamaño hasta que ves otros barcos en ese escenario. Tu barco, entonces, es del tamaño de una hormiga en el paisaje.



Cascada en el fiordo Mildford. César Mª Aguilar.
Las aguas del fiordo muestran una calma excepcional. Esto es poco habitual en esta costa y puedes ver la diferencia cuando el barco llega al encuentro con el mar de Tasmania. Allí el fuerte oleaje y el viento te baten sin piedad.

Las montañas circundantes presentan neveros glaciares y ríos que desaguan enormes caudales al fiordo. Abundan las cascadas y sus aguas se precipitan por valles colgados que modeló el hielo de los glaciares. Dicen que cuando llueve, como aquí acostumbra, el agua rezuma por todas las paredes. Entonces, torrentes temporales surgen por momentos de cualquier sitio y se suman, desbocados, a una orgía de agua en caída libre que recorre todo el fiordo.



Lobos marinos (Arctocephalus forsteri). C. Aguilar.
En el fiordo se pueden ver lobos marinos (Arctocephalus forsteri), una especie que hoy en día es abundante pero que pasó un periodo crítico por la sobrecaza. Y también observamos dos especies de cormoranes, el cormorán pío (Phalacrocorax varius) y el cormorán piquicorto (Microcarbo melanoleucos).

Pero el ave que cualquier observador de aves espera ver aquí es el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus). Se trata de un endemismo, no solo de Nueva Zelanda, sino de una parte pequeña de este parque nacional. Toda su distribución mundial son unos pocos fiordos de esta costa, a los que acude a criar.
 


Practicando kayak con Iratxe. César Mª Aguilar.
Pensé que sería fácil ver esos pingüinos, pero desde el barco no hubo ocasión. Fue durante un pequeño recorrido en kayak por una bahía del fiordo cuando logré ver un ave con su aspecto nadando a lo lejos. Al preguntarle al guía me lo confirmó. Sin embargo, no podía acercarme hasta el lugar ni separarme del grupo guiado de kayak en el que estaba. Y la zona del pinguino, además, era poco segura por el oleaje que generaban los ferrys en la orilla. Se me quedó el "corazón partido".

Afortunadamente, en el regreso a Milford Sound, pude ver a varios de estos exclusivos pinguinos de pie en la orilla, aunque a gran distancia. Algo es algo.


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