viernes, 4 de octubre de 2013

Un rayo de luz en los Andes 2

Kuelap, donde Carlos me contó la historia. C. Aguilar
La supervivencia de dos gemelos en un parto debía ser algo inusual, así que uno de ellos había tenido la gran suerte de haber sobrevivido y a ese gemelo afortunado es al que se dirigían los rayos si tenían ocasión. Pero como no había manera de saber cual de los dos era,  cuando empezaba una tormenta había que poner a ambos a resguardo … por si acaso. Según estas creencias otro tipo de personas afortunadas en la vida eran aquellas que durante el parto habían nacido con los pies por delante, en vez de con la cabeza como la mayoría. Si nacieron vivos en un parto tan difícil es que tuvieron una suerte especial. Así que el rayo, que todo debe saberlo, ¡zas! … los fulminará si tiene la más mínima ocasión.

Bosques Dpto Amazonas (Perú). Foto: C. Aguilar
Le comento a Carlos que eso de ser tener un hermano gemelo, es fácil de saber y por tanto se puede ser precavido cuando hay una tormenta, pero ¿y lo de haber nacido de pie? ¿cómo saber si a uno le va buscar el rayo por ese motivo?. Muy fácil, según me dice todos los que nacieron con los pies por delante tienen dos coronas. Vaya, creo que aún me ha liado más, así que le pregunto a qué se refiere con lo de las coronas. Llama corona a la depresión del cogote de donde nace el remolino de pelo, según él hay quien tiene dos de esos remolinos en vez de uno en la cabeza y eso indica que se ha nacido de pie. Por si no me lo creo me muestra directamente su caso, él tiene dos coronas y según le contó su madre nació con los pies por delante, no hay duda, no falla. 

Cruzando la puerta de Kuélap. Foto: Jéssica Sánchez
La verdad es que no había oído nunca hablar de las coronas esas, pero rápidamente comprendo que junto a él me encuentro tan vulnerable a los rayos como subido al campanario de una iglesia en plena tormenta. Miro hacia arriba y el cielo sigue encapotado como durante toda la visita. Aunque he tenido que ponerme el chubasquero un par de veces, la lluvia es fina y el día desapacible, pero no de tormenta eléctrica, pero quién sabe. Carlos me ha regalado un bonita historia, pero ahora sabiendo lo de sus dos coronas, al despedirme no me queda otra que desearle buena suerte los días de tormenta. Desde luego, no se si también por sus dos coronas, pero al menos por sus conocimientos pude comprobar que Carlos era realmente “oro”.

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