viernes, 3 de mayo de 2013

Sudáfrica 3 (2012) Kruger 2, Impalas a miles, ruanos a decenas

Francolín (Francolinus sephaena). César Mª Aguilar
Entre los campamentos de Punda María, en el norte del parque, y Letaba en el centro, no hay más de 180 Km. Sin embargo, nos llevó dos días recorrer esa distancia. Lo hicimos con una noche en el campamento intermedio de Shingwedzi y es que el parque no es como para ir con prisas. De ahí seguimos bajando haciendo 5 noches más en Letaba, Satara, Skukuza, Lower Sabie y Berg-en-Dal, 330 km más por la carretera principal. Pero el gusto del Kruger es “perderse” por las pistas secundarias con las expectativas de que en cualquier sitio puede aparecer algo inesperado, de modo que hacer un recorrido así lleva varios días. De norte a sur hay un gradiente de humedad que pudimos ver muy bien a finales de octubre cuando acababa de comenzar la época de lluvias.

Vistas desde el cerro Dzundzwini. César Aguilar
Mientras en el norte los pastos y ríos estaban aún secos, a medida que bajábamos todo comenzaba a reverdecer y, aunque era pronto para ver caudales altos, ya había más agua en los ríos del sur. En el suelo seco del norte, y rebuscando entre los excrementos de elefantes, era muy común observar varias especies de francolines. Ahí estaban el francolín capirotado (Francolinus sephaena), el de Natal (Francolinus natalensis) y el de Swainson (Francolinus swainsonii). En cuanto a mamíferos, el más común en cualquier recorrido por el Kruger es sin lugar a dudas el impala (Aepyceros melampus). Lo más habitual era ver un macho con su harén de hembras o grupos de jóvenes.

 
Macho de impala con su extenso haren. C. Aguilar
Su número es descomunal, según los gestores del parque en 2010-11 se estimó que había entre 132.300 y 176.400 impalas ¡casi nada!. ¿Y cómo es posible un rango tan amplio? pues solo hay que imaginarse en la tesitura de tener que censar un territorio de unos de 20.000 km2 que es lo que tiene el Kruger. Para los oriundos del valle del Ebro como yo, que todo lo comparamos con nuestra superficie “de cabecera” (La Rioja), los gestores del Kruger tienen el desafío de decir cuantos bichos hay en nada menos que un territorio boscoso del tamaño de 4 “Riojas” ¡vaya marrón!. El siguiente mamífero más abundante por allí es el búfalo (Syncerus caffer) aunque en un número 3-4 veces menor que impalas,  37.130 en el último censo.

  Ruanos (Hippotragus equinus). César Mª Aguilar
En orden de importancia están las cebras (Equus quagga), 23.700-35.300, y luego los kudus (Tragelaphus strepsiceros), 23.700-35.300. Pero hay otras especies que son muchísimo más escasas como sucede con algunos antílopes y por ello están más “cotizados”.  Pensábamos que ese era el caso de los nialas (Tragelaphus angasii), así nos lo había advertido José, pero al menos en la zona norte eran sencillos de ver  aunque no numerosos. Algo llevado al extremo eran los ruanos (Hippotragus equinus) unos antílopes muy escasos que pudimos ver en un pequeño grupo y que según los censos del 2010-11 no debiera haber más de 90 ejemplares. Si estaban en lo cierto lo nuestro fue toda una suerte.

Mangosta esbelta (Galerella sanguinea). C. Aguilar
Los primeros días también pudimos dar con un par de especies de mangostas de lo más confiadas. Mi experiencia en Sri Lanka viendo mangostas y con los meloncillos en el sur de España es que estos animales siempre pasan en un visto y no visto, a toda velocidad, con su rápido caminar pegados al suelo. Así que encontrar en varios lugares del Kruger grupos de juguetonas y curiosas mangostas enanas (Helogale parvula) y esbeltas (Galerella sanguinea) fue un placer. Hasta pudimos sacar buenas fotos, algo que se me hacía raro.

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