viernes, 4 de enero de 2013

Sri Lanka 10 (2012) Polonnaruwa y los reinos cingaleses

Hacia el norte de Kandy se encuentra el triángulo cultural donde se concentran bastantes restos arqueológicos de los reinos cingaleses medievales. Comenzamos visitando los de Polonnaruwa, los más alejados de nuestra ruta, para después ver algunos otros de regreso. Polonnaruwa es una localidad muy pequeña, al menos la ciudad vieja que es a la que llegamos nosotros y que se sitúa cerca de las ruinas. El relieve del entorno es completamente llano y la población se halla junto un lago enorme con pescadores artesanales recorriendo sus aguas. Utilizan unas embarcaciones curiosas, muy estrechas de quilla pero con un patín lateral como si fuera un catamarán para mantener la estabilidad. La mayoría de los lagos en Sri Lanka son antiguas obras de ingeniería hidráulica hechos para almcenar agua para los cultivos, entre ellos los arrozales tan típicos.





León del palacio del rey Nissankamalla
En el mes de julio los campos de arroz se mostraban como grandes tablas verdes, aún sin espigar y con un colorido impresionante. Ya en el propio entorno del lago, y sin pagar ninguna entrada, había unos restos de edificaciones en un parque arbolado junto al museo arqueológico. Allí pudimos ver un par de leones de piedra, columnas varias y diversas estructuras perteneccientes a estancias de un palacio del siglo XII. Luego en el yacimiento de pago no volví a ver esculturas de leones, así que esas del parque merecían mucho la pena por su originalidad. Las ruinas del parque miran hacia el lago, un lugar donde se dejaban ver grandes bandos de muchas aves que eran comunes a otros humedales como ibis orientales (Threskiornis melanocephalus) cigüeñas lanudas (Ciconia episcopus), picotenazas (Anastomus oscitans) y pelícanos orientales (Pelecanus philippensis).



 


En bici entre dagobas. Foto: Iratxe González
En el entorno de aguas, arrozales y palmerales era fácil ver al atardecer salir de sus dormideros cientos y cientos de zorros voladores, esos murciélagos frutícolas tropicales de gran tamaño. Pero ya yendo al yacimiento principal de Polonnaruwa, hay que advertir que el conjunto de ruinas y edificios ocupa una extensión muy amplia de bosque seco donde atiza bien el calor, así que no era cuestión de ir andando a los sitios. Nosotros alquilamos unas bicicletas que nos permitieron ir a nuestro aire de un sitio para otro, ya que había un montón de templos y ruinas para ver. Entre ellas estaban las dagobas, esas grandes construcciones con forma de cúpula, que curiosamente no tienen ningún acceso al espacio interior que yo suponía por su forma. 


Budas de Gal Vihara en Polonnaruwa. C. Aguilar
Hay también en Polonnaruwa algunos templos hinduistas, pero la mayoría son ruinas budistas. El número de representaciones de buda en piedra es considerable y lo que aún es más curioso, pese a estar en ruinas, la gente local seguía considerándolas como  lugares de culto dejando lámparas de aceite y ofrendas. Pero de todos los restos arqueológicos que vimos allí había unas esculturas de buda talladas en la roca que no dejaban indiferente a nadie. Eran cuatro representaciones sacadas de una pared de roca recordando a aquellos budas gigantes que los talibanes destruyeron en Afganistán. En dos de ellas buda está sentado, en una está de pie y, quizás la más espectacular, es una en la que aparece tumbado y tiene un largo de 15 metros.


Águila-azor variable (Spizaetus cirrhatus). C. Aguilar
La roca base de las esculturas es una especie de gneis, una roca metamórfica con un veteado muy llamativo. Así, las propias esculturas se benefician de la vistosidad de ese tipo de roca para dar al conjunto unas tallas de gran atractivo estético. Aunque los yacimientos reciben muchos turistas, el madrugar nos ayudó a no encontrar mucha gente en el momento de la visita. Esto también favoreció la visita natural del entorno, un bosque donde se puede alternar la visita a las ruinas con la observación de aves como la preciosa águila-azor variable (Spizaetus cirrhatus) que encontramos posada y toda confiada en uno de los grandes árboles del yacimiento.

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