sábado, 14 de enero de 2012

Francia 2 (2011) La duna de Pilat y el banco de Arguin

Costa arenosa en Arcachón. Foto: César Aguilar
Buena parte de las Landas es un cordón dunar continuo y la costa se presenta como una elevación arenosa con el mar a un lado y extensos pinares al otro. Aquí crece el pino negral o marítimo (Pinus pinaster), una especie con mala prensa en la Península Ibérica. Esta fama le viene por haberse utilizado para repoblar extensas superficies de terrenos pertenecientes a matorral y bosque autóctono por un interés maderero. Sin embargo, estas costas arenosas francesas son parte de la distribución natural del pino marítimo. En general todas las dunas del cordón litoral francés han sido fijadas por estos bosques y por la vegetación pionera típica de las dunas atlánticas. Aún así, la duna de Pilat se resiste a ello dadas las dimensiones que alcanza. Sucede un poco como en Doñana en los conocidos “corrales”, donde algunas dunas siguen moviéndose y engullendo poco a poco los pinos piñoneros (Pinus pinea).


Iratxe en la duna de Pilat. Foto: César Aguilar
La duna de Pilat cuentan que es la más alta de Europa y dependiendo de los años su altura se sitúa entre los 100-115 metros. La parte libre y móvil llega casi a los tres kilómetros de largo, con un ancho en torno a los 500 metros. Por su parte interior puede verse como va secando y ahogando a algunos de los pinos en su avance. Dicen que tiene 4000 años de historia e incluso han podido datar algunos de sus estratos con restos de cerámica de la Edad del Bronce. Subir y recorrerla es impresionante, ya no solo por la duna en sí, también por el paisaje que se domina. Desde esa altura se tienen unas buenas vistas hacia el Atlántico, a la bahía de Arcachon y sus arenales. Hay una serie de islas y depósitos de arena en la entrada de la bahía que llaman el Banco de Arguin, igual nombre que recibe un parque nacional costero en Mauritania. Imagino que este de aquí sería el lugar original del nombre y que luego con la colonización francesa se llamó a aquel de la misma forma por ser similar, pero ¡ve tu a saber!


Pez ballesta (Balistes capriscus)Foto: C. Aguilar
El caso es que este Banco de Arguin es un sitio excepcional para las aves marinas. Dicen que crían entre 3000 y 6000 charranes patinegros (Sterna sandvicensis). Y desde luego que debe haberlos porque en las playas de la zona a poco que mirara con los prismáticos no dejaba de ver pasar aves. Un trasiego continuo de charranes con sus pececillos plateados en el pico. A primeros de julio, con los pollos recién nacidos, los charranes tenían que pescar continuamente para alimentarlos. Con los picados que hacen estas aves para capturar esos peces el espectáculo estaba garantizado. La duna de Pilat la vimos también de lejos desde la propia costa en un paseo por una playa cercana. En esta zona del Atlántico las mareas son muy altas, así que si no te previenes de los horarios de pleamar y bajamar, puedes acabar volviendo del paseo encaramado al cordón dunar. Por suerte esta información la dan en todos los accesos de las playas. Salimos a pasear una extensa playa a última hora de la tarde con la bajada de la marea cuando Iratxe encontró un pez varado con pinta rara. Me acerqué y quedé alucinado, una especie así no la había visto nunca.


Salivando con el pez ballesta. Foto: I. Gonzalez
Se trataba de un pez ballesta (Balistes capriscus) de una familia bastante poco común que yo no había encontrado nunca antes buceando. Tiene un hocico pequeño, la piel dura y compacta y recibe ese nombre por la forma de la primera aleta dorsal que está reducida a tres espinas rígidas pero abatibles, como un disparador o gatillo. Dicen que cuando está en peligro se mete en una oquedad y la extiende para evitar ser extraído. Se trata además de una especie de interés pesquero por la calidad de su carne así que no dejé pasar la oportunidad. Calculé que no podía llevar más de media hora al aire por el ciclo de la marea y además se veía muy fresco, así que esa noche dimos buena cuenta de él. Lo preparé como hago las palometas (Brama brama), un poco frito, con ajos, trozos de tomate natural y todo durante 15 minutos. Su carne es realmente sabrosa, así que del mar a la mesa en un plis-plas.

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