martes, 26 de julio de 2011

Perú 38 (2011) Por fin ... ¡un ocelote!

Primera visita de Leopardus pardalis. C. Aguilar
Sí, ya iba siendo hora de captar algo con la cámara de fototrampeo. Ya había comentado en una entrada anterior del blog que había tenido bastante poca suerte hasta ahora. Estas han sido las primeras grabaciones de video que he obtenido, pero no ha sido hasta el quinto intento. Siempre la he puesto en periodos de tiempo cortos de tres a seis noches, y seguro que eso influye. Pero al estar moviéndome entre distintas zonas tampoco había ocasión para periodos más largos. Sin embargo veía huellas y distintos bichos por ahí con la linterna, pero no sabía cómo hacer para grabarlos. En Juanjui ya comenté que solo grabé a paisanos que iban a sus chacras. En La Esperanza busqué un paso en un arroyo con huellas de lo que parecía añuje (Dasyprocta fuliginosa) o un armadillo (Dasypus novemcinctus), ningún bicho pasó por allí de nuevo, ni fue a la fruta y ni al rastro de aceite que puse.

Perú 37 (2011) Al caer la noche en la reserva

Remando con la puesta de sol. Foto: C. Aguilar
En los recorridos que haces por la reserva hay que estar atentos para que te de tiempo a llegar antes del anochecer a los puestos de los guardas donde se pasa la noche. Uno de los días nos habíamos entretenido viendo delfines y otros bichos y andábamos ya más tarde de lo previsto, de modo que acabamos remando con el ocaso reflejado en el agua. Con ese panorama me invadió una sensación de estar realmente en un sitio alejado de todo y nada menos que en la mítica cuenca del Amazonas. Remando en esa penumbra vimos acudir a un dormidero comunal a un buen número de garcillas verdosas (Butorides striatus) de las que aparecen dispersas a lo largo del día por las diferentes orillas. Y aunque en ese momento para esas garzas acabe el día, la noche es el comienzo de la actividad para otro buen número de especies de fauna. Así, tras la cena y si la noche era buena, teníamos la costumbre de salir remando con las linternas a ver lo que podíamos encontrar.

sábado, 16 de julio de 2011

Perú 36 (2011) Ictiófago oportunista

Lisa, piraña y dos sábalos. Foto: César Aguilar
La cocina peruana está cogiendo últimamente bastante renombre internacional. A remolque del crecimiento económico que experimenta Perú, exportando minerales que cotizan al doble que hace una década, ha florecido una nueva clase media en el país. Una clase con gran consumo de tecnología y consumista, que ha aupado lo que llaman la nueva gastronomía peruana. En su origen está la diversidad de ambientes del país que proporciona ingredientes muy variados y que es la base con la que trabajan los endiosados chefs. Esta nueva gastronomía ha sido amplificada mucho por los medios de comunicación y, sin entrar a valorarla, veo en muchos peruanos bastante “síndrome de Estocolmo” de tanto oír que la cocina peruana es la mejor del mundo. Y  realmente lo creen cuando lo que yo he podido comprobar a diario es una dieta que “abusa” del arroz, de yucas, plátanos y papas hervidas insípidas, huevos y mucha fritanga de carne y pescado.


martes, 12 de julio de 2011

Perú 35 (2011) Tierras emergidas, “gigantes amazónicos” y algunos primates

Tamandua tetradactyla Foto: C. Aguilar
Las zonas emergidas en esta época del año son pocas, así que cuando tuvimos ocasión de llegar a algunas de ellas aprovechamos para bajarnos de la canoa y estirar un poco las piernas en paseos a pie. Enseguida se ven muchos rastros en el suelo embarrado, aunque ver a los propios animales es más complicado ya que vas haciendo ruido al pisar los charcos y hay muy poca visibilidad con tanta vegetación. Así localizamos huellas de armadillo, venado, tapir, unas de un felino de tamaño medio tipo ocelote e incluso unos arañazos de estos en la corteza de un árbol. Pese a todo creo que tuvimos suerte pues pudimos cruzarnos con un añuje (Dasyprocta fuliginosa) y unos metros delante de unas huellas que no lográbamos identificar, nos dimos de bruces con un tamandúa u oso mielero (Tamandua tetradactyla). Al momento de vernos se subió a un árbol, pero aún así se mostraba algo curioso de vernos allí, siempre y cuando mantuviéramos una cierta distancia

viernes, 1 de julio de 2011

Perú 34 (2011) Aves en Pacaya-Samiria

Busarellus nigricollis. Foto: César Aguilar
Un recorrido descendiendo por el río Tibilo permite ver un buen número de aves, pero quizás me sorprendió no encontrar demasiadas especies de garzas en la zona. Al menos no las que yo imaginaba para un sitio inundado como este. Garzas comunes en otras zonas húmedas como la garceta grande (Ardea alba) o la garceta nívea (Egretta thula), no llegué a verlas aquí aunque sí otras como la garza cuca (Ardea cocoi), la garcita verdosa (Butorides striatus) o la garza capirotada (Pilherodius pileatus), ninguna de ellas en gran número. Lo que sí pude ver fueron bastantes especies de rapaces, algunas de ellas bastante llamativas. Entre ellas el busardo colorado (Busarellus nigricollis) con su coloración canela y que aquí llaman “mama vieja”, los elanios plomizo (Ictinia plumbea) y tijereta (Elanoides forficatus) o los caracaras negro (Daptrius ater), gorgirrojo (Daptrius americanus) y chimachima (Milvago chimachima).



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