martes, 25 de octubre de 2011

Cabo de Gata 1 (2011) Barrancos y costas áridas 1

Floración de Asteriscus maritimus. C. Aguilar
Uno de los atractivos que para mi tiene el Cabo de Gata es su vegetación, propia de una de las sierras costeras más áridas de la Península Ibérica. Aquí, gracias a la presencia del Parque Natural, se han mantenido paisajes mediterráneos de costa a salvo de la ocupación urbanística del turismo de sol y playa. La mejor época para ver la vegetación es a finales del invierno por raro que pueda parecer. Las aridez y las temperaturas estivales extremas hacen que toda la floración se adelante respecto a otras zonas de la Península. Algo similar he podido ver en el Antiatlas marroquí en diciembre o en las estepas presaharianas de Túnez en febrero, donde uno puede disfrutar de sierras y estepas desérticas en una imagen de colorido y verdor a la que no estamos acostumbrados y que a mi me fascina.

Esparraguera blanca (Asparagus albus) C. Aguilar
Sin embargo esto de la floración invernal del Cabo de Gato es algo que cuentan, porque yo aún no he tenido ocasión de visitar la zona en esas fechas. A primeros de junio de este 2011, cuando estuvimos Iratxe y yo, casi todos los pastos y gramíneas estaban ya agostados. Aun así pude encontrar más floración de la que esperaba. En especial la de aquellas plantas costeras que aprovechan la humedad marina, lo que les permite soportan mejor la sequedad estival. En el parque natural recorrimos algunos senderos y barrancos como el de Caldera de Majada Redonda en Presillas, un antiguo cráter volcánico, el del Barranco del Negro-Requena, o paseos costeros como de La Molata en Rodalquilar o el de la cala de San Pedro. Los barrancos y laderas que a primera vistas parecen poco atractivos ganan en interés con un paseo reconociendo su vegetación. 

Ladera con espartales y palmitares. C. Aguilar
Entre los arbustos de mayor presencia se encuentran algunos como la orgaza (Atriplex halimus), la retama (Retama sphaerocarpa), el espino negro (Rhamnus lycioides), el cambrón (Lycium intricatum), la esparraguera blanca (Asparagus albus) o la Ephedra fragilis. Esta última forma parte de una familia de raras plantas que tiene solo un género, Ephedra, y que es uno de los más antiguos y aislados de las plantas con semillas, pues no se le conoce ningún pariente próximo actual. Otro buen número de plantas de menor porte estaban ya agostadas en esas fechas, como el matagallo (Phlomis purpurea) o los aromáticos manrubio blanco (Ballota hirsuta) y tomillos (Thymus sp.) pero aún daban ese olor característico del monte mediterráneo. A escala de paisaje, la gramínea más extendida es el esparto (Stipa tenacissima) que forma macollas grandes que ocupan amplias extensiones. Es una planta que antaño tuvo un intenso aprovechamiento, basta con darse una vuelta por las tiendas de artesanías de la zona, en especial las de la localidad de Nijar, para comprobar algo de esto.

Cala de San Pedro con palmito. C. Aguilar
En suelos más costeros, salinos y limosos aparece además otra gramínea que crece en macollas y que es la que en las estepas del valle del Ebro también llamamos “esparto”. Sin embargo se trata del albardín (Lygeum spartum), pero que por su parecido y a falta del auténtico esparto en la Depresión del Ebro recibe allí dicho nombre. Otra de las plantas que, en buena parte, configura el paisaje de la zona, tanto de las laderas interiores como en la costa, es el palmito (Chamaerops humilis). Esta palmera enana es propia del mediterráneo occidental y se la puede ver en multitud de sierras costeras en esa franja litoral de la Península. Por otra parte es la única palmera autóctona del continente europeo y es tal su relevancia que ha sido elegida como imagen en el logotipo el Parque Natural Cabo de Gata-Nijar.

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