sábado, 13 de agosto de 2011

Perú 41 (2011) Aves del bosque y ranas venenosas

Campephilus melanoleucos Foto: César Aguilar
Observar aves dentro de este bosque seco me resultó algo más difícil que en otros bosques húmedos de los que venía. Aún así, por las mañanas era muy común ver unos cuantos colibríes ermitaños (Phaethornis sp) en las cercanías de la cabaña cantando y marcando territorio en rápidas persecuciones con otros individuos. Casi todos los que había visto hasta el momento era en bebederos preparados o muy de pasada. Estos, sin embargo se mostraban muy territoriales en un sotobosque que apenas parecía tener flores donde se pudieran alimentar. Otro ave que en la zona ocupaba el arbolado viejo, era uno de esos carpinteros espectaculares de gran tamaño y cresta roja típicos de la región amazónica. Hay un par de especies casi iguales que sin experiencia cuesta un poco distinguir, son el Dryocopus lineatus y el Campephilus melanoleucos.

Loro Pionus menstruus Foto: César Aguilar
Este de aquí era el segundo de ellos, el que parece estar más asociado a bosques continuos, aunque ambos son comunes y tienen una amplia distribución. Entre las rapaces, aparte del omnipresente busardo caminero (Buteo magnirostris) puede ver otro menos frecuente como el busardo blanco (Leucopternis albicollis). Además eran fáciles de observar los elanios tijera (Elanoides forficatus) volando en pequeños grupos a gran altura. En varias ocasiones vi como los ejemplares de uno de esos grupos hacían reiteradas pasadas tocando el dosel arbóreo con las patas sin entender en ese momento muy bien lo que hacían. Más tarde leí sobre ese comportamiento, típico de la especie, que no es otra cosa que pasadas para capturar insectos al vuelo sobre el ramaje. Esos doseles también eran cruzados a menudo por grupos loros que uno puede oír de lejos como van llegando por la escandalera que hacen en vuelo.

Rana venenosa (Ameerega sp) Foto: C. Aguilar
Con los loros muchas veces te quedas con las ganas de saber la especie porque paran poco, pero con estos hubo suerte ya que pude verlos posados el tiempo suficiente para fotografiarlos y ver que se trataban de loros de cabeza azul (Pionus menstruus). Pero uno de los animales que más curiosos me resultaron de la zona fueron las ranas venenosas. Estas ranas pertenecen a un familia que solo se distribuye por Centroamérica y Sudamérica, los dendrobátidos. Como en toda la zona no hay más que un par de puntos con un poco de agua son fáciles de encontrar. Además son diurnas, así que solo había que darse un paseo por la quebrada de Ojos de Agua para encontrarlas. Son ranas de pequeño tamaño pero con unos coloridos muy llamativos que advierten a sus predadores de la presencia de veneno en su piel. Aquí las veíamos con dos patrones de coloración, uno pardo con las axilas amarillas y otro de gran colorido amarillo, verde, azul y negro. 

Juvenil de Ameerega altamazonica Foto: C. Aguilar
La gente de la asociación que venía conmigo decía que en otras épocas se veían más coloraciones atribuyéndolas a especies distintas. Es posible que haya varias especies en la quebrada de Ojos de Agua, pero también es cierto que estas ranitas tienen bastantes fases y variabilidad. Aún así las dos formas que vimos eran especies distintas y la de las axilas amarillas ya las había visto antes en Pucunucho aunque ejemplares más pequeños. Aunque se trate de ranas venenosas, su manipulación no entraña ningún peligro si después uno se lava bien las manos. Una curiosidad de este grupo de ranas es que las toxinas que acumulan en la piel no las sintetizan ellas mismas. Según han estudiado parece que las adquieren a través de la dieta, son sustancias que ya tienen los artrópodos de los que se alimentan.

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