sábado, 23 de abril de 2011

Perú 15 (2011) No todo el monte es orégano


Frutos de un higuerón (Ficus sp.). Foto: C. Aguilar
Identificar especies de árboles en los trópicos me parece bastante complicado ya que, a diferencia de las zonas templadas, aquí no hay una especie dominante por tipo de bosque. Son muchas especies y a primera vista todas te parecen bastante iguales. Además cuando preguntas por los nombres comunes casi que te lían mucho más pues, al igual que ocurre con los animales, dan nombres importados del español a especies que nada tienen que ver con lo que tú conoces. Así, un “romerillo” nada tiene que ver con nuestro romero mediterráneo (Rosmarinum officinalis), ni  un “naranjillo” tampoco es un árbol que produzca cítricos. Quizá por ello presté poca atención al nombre de “higuerones” con que se refería la gente de la zona a un montón de esos árboles grandes y sobresalientes que ves destacando en el dosel arbóreo del bosque.

Saca de árboles maderables. Foto: César Aguilar
Sin embargo con los higuerones la cosa sí que estaba bien encaminada. Una de las cosas que más sorpresa me causó fue saber que esos árboles de grandes portes eran en realidad del género Ficus. De algunos te lo podías imaginar viendo sus troncos, pues eran del tipo higueras estranguladoras cuyas semillas germinan en las ramas de otro árbol y se descuelga luego hacia el suelo por el tronco del hospedador hasta asfixiarlo con el tiempo. Pero hay otros higuerones cuyos troncos nada tienen que ver con esa forma de vida y son sólidos y recios como cualquier otro árbol y con el aspecto de una Ceiba. Y es que del género Ficus hay una gran variedad de especies en estos ecosistemas, pero lo que no falla para identificarlos es cuando les ves sus frutos. Todos tienen el típico higo que reconocemos de inmediato, aunque para verlos en el propio árbol debieras estar muchas veces a una considerable altura, sino han caído aún al suelo.
Savia de Sangre de grado (Croton lechleri) C. Aguilar
Todos estos árboles no tienen el mismo valor para la gente, aunque a uno le parezcan bastante similares. De los higuerones sacan tablas poco más que para casas y carpintería “menor”. Los que realmente son codiciados son los cedros (Cedrela odorata) y los romerillos (Podocarpus  sp.) pues son los que tienen un valor comercial. De los primeros me dicen que ya casi no quedan en la zona de La Esperanza pues son los primeros que sacan de un bosque primario, y los segundos llevan el mismo camino si continua la explotación de la madera al ritmo actual. Muchos bosques que parecen a primera vista bien conservados compruebas dentro que hay restos de pies cortados de esos árboles que han sacado hace ya algún tiempo o que los están sacando ahora en los sitios más accesibles.

Fruto de la guaba (Inga sp). Foto: César Aguilar

A fuerza de fijarme en este tiempo he comenzado a distinguir algunas especies de árboles, no muchas,  y así a las Cecropias, con sus hojas características como las del “setico” (C. cetico) que me aprendí en Juanjui, he ido añadiendo algunas otras. Un árbol bien curioso es el que llaman sangre de grado (Croton lechleri ) que es de la familia de las euforbiáceas y que cuando le pegan un tajo con el machete sale lo que parecen auténticas gotas de sangre. Aquí los suelen respetar cuando tumban  una zona de monte,  pues esa savia que brota la utilizan como cicatrizante natural aplicándola directamente sobre las heridas. Otro grupo de árboles reconocibles son las guabas, el género Inga, de las que hay bastantes tipos. Son leguminosas arbóreas que producen vainas con diferentes formas  en cuyo interior hay semillas recubiertas por una carnosidad muy dulce y sabrosa.

Frutos de Sacha inchi (Plukenetia volubilis). C. Aguilar

En las selvas bajas de Juanjui había unas guabas con vainas muy características, de más de medio metro, que plantan para dar sombra al cacao y que luego venden en los mercados. En los bosques altos he visto otras guabas más pequeñas que comen los lugareños, los monos cuando tienen ocasión y yo mismo si doy con unas maduras. Ya por último otra planta que me llamó mucho la atención fue el Sacha inchi (Plukenetia volubilis) una trepadora cuyas semillas son las que más contenido de Omega 3 tienen en la naturaleza, eso que ahora le echan a la leche y que tiene mucho un tipo de pescado. La planta es originaria de estos bosques de neblina del Perú y ahora están comenzando a comercializar sus frutos como cultivo alternativo. Es solo un ejemplo más de lo que aún desconocemos en cuanto a propiedades de esta gran reserva de biodiversidad que son las selvas, y que tan rápidamente están destruyéndose.

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